Natsukashii: la nostalgia y el arte de no volver
- Laura

- 19 ene
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Actualizado: 21 ene
Como creo que les sucede a todos, a veces el pasado me parece la cosa más brillante y perfecta.
Mi personalidad tiende a la nostalgia. Tal vez porque soy Cáncer, tal vez por ser cuarentona, tal vez porque los cambios se me dificultan. La cosa es que el olorcito del pasado se me cuela seguido, con toda la carga de melancolía que suele traer.
Me entra la urgencia de volver a lugares o recrear momentos que fueron muy felices, como para revivir la sensación de euforia o de seguridad que tenía en esos instantes. Ahí, donde estaban la emoción y las posibilidades. Donde se creaban cosas, donde corría adrenalina, donde había futuro y todo era factible.
Por ejemplo, quisiera, con todas mis fuerzas, regresar a mis clases de salsa. Y cualquiera diría "pues busca e inscríbete". Ya sé, pero no es eso. Quisiera, literalmente, volver a mis clases de hace años, donde hice mil amigos, donde bailé horas y horas y horas. Donde me reí y me emborraché y canté y todo era inofensivo porque la vida era mil veces más simple.
Quisiera volver a bailar una rueda de casino por primera vez y pensar que seguramente así se siente volar, porque eso fue lo que sentí ese día. Que mi cuerpo volaba. Que la conexión de esa rueda, la música, los pasos, el ritmo, la energía, eran la mismísima vitalidad del universo.

Eso no lo sentiré de nuevo jamás porque, aunque volviera a esas clases, ni el lugar ni yo somos los mismos.
Y entonces, actúo al contrario. Evito volver a bailar porque sé que lo que viví no está ahí; está en ese momento del pasado. Y no quiero que, por forzarla, sea más evidente que se perdió la magia. Porque yo sé que no voy a encontrar ahí lo que estoy buscando.
Pienso que mi reto es retener la felicidad de esos recuerdos y proyectarla en mi presente. Además, claro, de construir otros recuerdos hoy a los que valga la pena volver y pensar que fueron perfectos. Bien dicen que añorar instantes del pasado es señal de que has vivido una vida a la que vale la pena volver.
Como suele pasar, hay una palabra en japonés que define este sentimiento: Natsukashii, la nostalgia feliz. Un sentimiento dulce y conmovedor que surge al recordar pasajes agradables del pasado.
Natsukashii me recuerda que hubo momentos tan vivos que me transformaron. Tal vez por eso el pasado a veces brilla tanto. No porque haya sido perfecto, sino porque es testigo de que fui capaz de sentirme así.
Entonces, quizá no se trata de volver a volar como antes, sino de recordar que alguna vez supe hacerlo. Y confiar en que, aunque el vuelo sea distinto, hay partes de mí que saben despegar.



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