Sin dedicatoria
- Laura

- hace 11 horas
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Este año mi vida ha sido muy musical. Mucho más que en la última década, probablemente. He encontrado muchas canciones nuevas que me encantan, he vuelto a otras que tenía un poco olvidadas y he descubierto artistas que ahora forman parte definitiva de mi banda sonora.
He bailado mucho, he cantado, he escuchado la misma canción veinte veces seguidas porque hay días en los que necesito vivir exactamente dentro de esos 3:49 minutos y no en ningún otro lugar. (Te estoy viendo a ti, Euphoria).
Hace unos días, mientras escuchaba Fallingforyou, de The 1975, uno de mis descubrimientos de este año, me caché pensando: “Qué bonito dedicarle esta canción a alguien”.
Pero no hay a quién, y creo que eso fue lo que hizo que el pensamiento pesara tanto. Esa canción, en ese momento, hizo muy evidente el agujero y me hizo darme cuenta de que tengo muchas canciones favoritas nuevas sin dedicatoria.

En inglés hay una palabra para un sentimiento que no sé nombrar igual de bien en español: yearning.
Podría traducirse como anhelo, quizá aderezado con un poco de añoranza. Pero añorar parece implicar que extraño algo que alguna vez tuve y esto no se siente así, porque no estoy extrañando a nadie. Es más bien una especie de nostalgia por algo que todavía no sucede y que estoy, a partes iguales, segura de que va a ocurrir y de que no hay manera de que vuelva a pasar. Muy contradictorio y muy agotador, ya sé.
Ese yearning que sentí es el deseo de algún día escuchar una canción y saber exactamente a quién pertenece. Porque eso hacemos cuando dedicamos canciones, ¿cierto? Tomamos algo que hasta ese momento era solamente nuestro y se lo entregamos a alguien. Y a partir de entonces la canción cambia. Se queda asociada a una conversación, a un aroma, a un momento.
A veces incluso sobrevive a la persona a la que se la dimos y tenemos que esperar años para recuperarla.
Yo tengo canciones así, pero últimamente también tengo muchas que todavía no me recuerdan a nadie.
Me gusta que sean mías. No siento que ese espacio vacío se deba llenar urgentemente con quien sea. No estoy sentada esperando a que alguien aparezca para retomar la vida. Mi vida ya está sucediendo y, de hecho, está llena de música.
Pero supongo que estar en paz sola no significa dejar de desear la intimidad de compartir algo con alguien. No significa que una canción no pueda hacerme sentir, por un segundo, lo bonito que sería decir: “Escucha; esto me hace pensar en ti”.
Hay una parte de mí que todavía quiere regalar caciones. Y el suspiro que me aventé escuchando Fallingforyou lo hizo tan evidente que tuve que hacer una pausa y meditarlo.
The feeling sat HEAVY.
Pero supongo que es una señal más de que estoy plenamente viva.
Al final, viéndolo bien, son buenas noticias.



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